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Educación

La boca y los dientes tienen un papel muy importante en nuestra salud. Por ello, es fundamental mantener nuestra boca y nuestra dentadura sanas para facilitar sus distintas funciones: digestiva, respiratoria, comunicación, masticación, etc.

Para tener una correcta salud bucodental es necesaria la educación desde la infancia, sobre todo que se enseñen y se adquieran hábitos que duren toda la vida y nos proporcionen un estado de salud y bienestar. Madres, padres, educadores y sanitarios deben educar a los niños/as para que desarrollen estilos de vida saludables, en lo que a la educación bucodental se refiere.

Hay muchas razones para educar a los niños/as sobre salud bucodental:
Cuando se adquieren unos buenos hábitos y costumbres durante la infancia en la edad adulta los dientes están en mejor estado.
- Educar en materia de salud bucodental es importante para evitar enfermedades futuras.
- Las caries y la gingivitis son enfermedades que nos afectan más durante la infancia. Pero pueden prevenirse y controlarse con un buen cepillado y unos hábitos saludables.
- Una buena instrucción en higiene oral previene enfermedades y logra una dentadura sana y bonita.

Para tener unos hábitos y una educación bucodental correcta es fundamental tener en cuenta y transmitir lo siguiente:
- Hay que cepillarse los dientes y encías con dentífrico fluorado después de cada comida y sobre todo antes de acostarse.
- Reducir la ingesta de azúcares en comidas o bebidas para evitar las caries y otras enfermedades.
- Visitar el dentista y realizar revisiones periódicas para detectar signos precoces de enfermedad bucodental.

Los hábitos para el cuidado de los dientes empiezan a desarrollarse cuando el bebé tiene 6 meses, abandona la lactancia y suele aparecer su primer diente.

Es importante limitar desde la infancia la alimentación con alto contenido en azúcares y crear buenos hábitos en el niño.

No se debe abusar de los zumos de frutas envasados, ricos en azúcares, ni mojar el chupete en productos con alto poder cariogénico (por ejemplo la miel), ni acostumbrar al niño a mantener el biberón con líquidos dulces en la boca durante largo tiempo. Estas costumbres pueden perjudicar seriamente la dentición temporal y provocar un alto índice de caries en los dientes de leche.

Desde que aparece el primer diente (aprox. a los 6 meses) los padres deben limpiarlos tras la ingesta de alimentos con una gasa estéril empapada en suero fisiológico. Cuando el niño tiene 2 años ya han erupcionado la mayoría de los dientes y puede comenzar a cepillarse con un cepillo infantil de cabezal pequeño, mango ancho, filamentos suaves y redodeados y con un diseño divertido. No conviene que se use pasta dentífrica con flúor, porque hay riesgo de que la trague, por ello, es preferible que humedezca el cepillo en agua o colutorio, o el uso de la pasta dental sin flúor hasta que aprenda a no tragársela (4-5 años).

Los dientes de leche se deben limpiar desde que aparecen. Aunque son temporales, sirven de referencia para los definitivos. También desempeñan un papel primordial en la masticación y en el aprendizaje, además de servir de guía a los futuros dientes permanentes.

La pérdida de alguno antes de tiempo (por caries o traumatismo) puede hacer que el resto se deslace y que los definitivos erupcionen mal alineados o con defectos en el esmalte.

El momento del cepillado del niño y de los padres debe convertirse en un juego tras cada comida. Así el niño se motiva y aprende cómo cepillarse correctamente. Los padres deben revisar y repasar el cepillado.
A partir de los 2 años es el momento para retirarle el chupete o abandonar el hábito de succión de los dedos, si existiese, pues pueden deformarle la posición de los dientes, el hueso de los maxilares, donde se alojan los dientes, provocando una mordida abierta. También impide que aprenda a posicionar la lengua correctamente al tragar (deglución atípica).

Se recomienda que se realice la primera visita al dentista cuando el niño ha cumplido los tres años, porque en ese momento ya ha salido la primera tanda de dientes. A partir de entonces deberá acudir cada seis meses a una revisión. Hay que estar atentos y si se aprecia alguna anomalía, como manchas o puntos, acudir al dentista.